Según consta en la fe de bautismo conservada en la parroquia del Sagrario Metropolitano de México, el primer día de octubre de 1931 fue bautizado en la fe católica el niño Gabriel Siria Levario, que había nacido el 4 de septiembre en el Hospital Nacional Homeopático de las calles de Isabel la Católica. Sus padres fueron Francisco Siria y Juana Levario Plata; los padrinos, el hermano de Juana, Valentín y la esposa de éste, Angela López.

El destino del niño estuvo más unido al de sus padrinos que al de sus padres. Es una lástima que nadie recuerde con exactitud el día en que Gabriel le fue encomendado a Angela. Según la viuda en segundas nupcias de don Valentín Levario, hacia junio de 1932 Juana se presentó en casa de Valentín y Angela, en la segunda cerrada de Observatorio número 10, en Tacubaya, para encargarle tem­poralmente al niño.

Logró estudiar hasta el 5º año de educación en escuelas ubicadas en el barrio de Tacubaya, donde creció. En estas escuelas, comienzan sus inquietudes artísticas, pues solía participar como cantante en los festivales escolares. Sin embargo, deja de asistir a la escuela, para ayudar en los gastos domésticos y trabaja como recolector de huesos y vidrios. Posteriormente, trabajó trasladando mercancías en un automercado. En noviembre de 1939, fallece su madre adoptiva lo cual le afectó durante mucho tiempo. Sin embargo, el futuro cantante debió sobreponerse y continuó trabajando en oficios como panadero, carnicero, cargador de canastas en el mercado y lavador de automóviles. Luego se interesaría por el deporte, llegando a ser gran aficionado al box, al béisbol y al fútbol.

Sin embargo es su inquietud de cantar, la que hace que empiece a cantar tangos y a presentarse en lugares públicos de espectáculos, conocidos como carpas. Su primera oportunidad, se la ofreció Manuel Garay, quien era payaso de profesión y administrador del Teatro Salón Obrero. Ahí fue donde se puso como sobrenombre artístico Javier Luquín y participaba en concursos de aficionados, llegando a ganar en más de una ocasión un par de zapatos donados por una zapatería del lugar. Continúa trabajando en carnicerías y en una de ellas, su propietario David Lara Ríos, dándose cuenta de las habilidades del joven intérprete le paga clases de canto con el Maestro Noé Quintero, quien había sido maestro de vocalización de cantantes reconocidos para la época.

Javier Solís comenzó una nueva etapa actuando en restaurantes y como parte primero del Dúo Guadalajara y luego del Trío Flamingo, llamado después Trío México, con sus amigos Pablo Flores y Miguel Ortiz Reyes. A principios de 1948 aún trabajaba como carnicero y se inició como intérprete solista de música ranchera: cantaba en las noches con grupos de mariachis en la Plaza Garibaldi y en la calle Honduras, en la capital mexicana. Después cantó en los restaurantes El Tenampa y el Guadalajara de Noche, donde se hacía acompañar del mariachi América de Alfredo Serna. Como no tenía sueldo fijo, sus ingresos provenían de las propinas que recibía. Ese mismo año, por primera vez participó en un concurso radial, sin usar su seudónimo. Al finalizar el año, mientras cantaba en la Plaza Garibaldi el general Rafael Ávila Camacho lo contrató junto al mariachi Metepec por un año para actuar en Atlixco, en el estado de Puebla. Fue su primera gira como Javier Luquín. Al finalizar la gira, lo contrataron en un cabaret como cantante y animador, frente a un público diverso.

Durante algún tiempo se le consideró un imitador de Pedro Infante, pero gradualmente fue reconocido como un talento con identidad propia y con más facultades vocales que El Ídolo de Guamúchil.

Hacia 1950 grabó sus primeras creaciones: Punto negroTómate una copaVirgen de barro y Te voy a dar mi corazón, producidas, con el Trío Los Galantes, en un pequeño estudio de grabación destinado a artistas aficionados y que pertenecía a la sala de cine Cinelandia de la Ciudad de México. El cantante hizo estas grabaciones en discos de acetato para mostrarlas a sus amistades y las entregó como tarjeta de presentación ante Discos Columbia de México (hoy Sony BMG Music), la que lo contrató en enero de 1956. Esta empresa discográfica incluiría las dos últimas en el LP Homenaje a Javier Solís, editado en 1990, y Punto negro aparecería en el triple LP 36 Éxitos de Javier Solís, que se distribuyó en el mercado en 1969.

A principios de 1955 fue contratado para cantar en el Bar Azteca, donde permaneció por espacio de 4 años. Es aquí donde, a sugerencia de su amigo Manuel Garay, cambiaría su seudónimo por Javier Solís, con el cual lograría la fama artística. A mediados de ese mismo año lo escuchó cantar en el local Julito Rodríguez, en ese entonces guitarrista y primera voz del Trío Los Panchos, quien lo recomendó para una audición con Felipe Valdés Leal, quien era director artístico de Discos Columbia de México. Gabriel Siria, ahora convertido en Javier Solís, resultó aprobado en la audición y se le hizo un contrato para grabar su primer sencillo a fines de 1955. Se incluyeron los temas Qué te importa y Por qué negar. El sencillo obtiene éxito en el interior de México y, gracias a ello, es contratado formalmente el 15 de enero de 1956. Se dice que, como parte de este trato, Javier Solís entrega la cinta que contenía los temas antes mencionados y la compañía la archivó por varios años, dando a conocer los temas, años después de su fallecimiento, como ya se ha dicho.

Un hecho inesperado, retrasa el lanzamiento de su primer álbum. El día del sepelio del actor y cantante Pedro Infante es motivo para que Solís, subiera a una cripta del cementerio a entonar la ranchera Grito Prisionero, imitando la vocalización del fallecido intérprete.

Solís continuó haciendo presentaciones en el “Bar Azteca” y también en un espacio de la emisora mexicana XEW. Recibe su primer Disco de Platino por las altas ventas de su primer sencillo, el día 5 de septiembre de 1957. Como consecuencia, graba su primer álbum Javier Solís, Volumen I añadiendo a los temas de su disco sencillo, 6 canciones más. Aquí se inicia la leyenda del artista, en cuanto atañe a su vida privada pues en el prefacio de este LP se asegura que su nacimiento ocurrió en el estado mexicano de Sonora, lo cual desmintieron las investigaciones periodísticas posteriores. Su consagración definitiva fue cuando grabó el tema Llorarás Llorarás (que formó parte del álbum del mismo título) en 1959, cuando Felipe Valdés Leal logró con consejos que Solís abandonara su estilo imitador. En lo sucesivo, su carrera fue meteórica, ya que aunque duró solamente 10 años, grabó 379 canciones y se convirtió en uno de los cantantes más famosos de la historia en México.

En 1959, durante su primera gira promocional hacia Estados Unidos, la disquera preparó un álbum contentivo de valses de origen mexicano en el cual el acompañamiento no sería efectuado con mariachis sino con una banda sinfónica conformada por músicos mexicanos y estadounidenses con arreglo y dirección del músico Fernando Zenaido Maldonado. El álbum, titulado Javier Solís con banda, fue grabado en los estudios de Columbia Records en Nueva York, en uno de los primeros trabajos de grabación multipista llevados a cabo por artistas latinoamericanos. Las ventas iniciales de este LP se destinaron a organizaciones de caridad, pero tuvo poca aceptación en México. Sin embargo, varios años después fue digitalizado. Curiosamente, en 1963 la disquera toma la pista de voz de esta grabación y sustituye el acompañamiento de banda con el del Mariachi Nacional de Arcadio Elías. El álbum resultante se denominó Valses Mexicanos, que al ser digitalizado se titularía Valses. Es la primera reconstrucción técnica llevada a cabo con la voz de Solís, aún en vida, aunque esto no lo sabrían algunos fanáticos del cantante sino varios años después, gracias a los avances en las técnicas de computación y multimedios que permitieron hacer la comparación posterior.

Al año siguiente (1960), en una nueva gira en Estados Unidos, emprende un proyecto muy diferente pues graba boleros con acompañamiento de orquesta de estudio dirigida por quien después sería su amigo, el músico estadounidense Chuck Anderson. Este álbum fue denominado Javier Solís en Nueva York y tenía como fin, según palabras del cantante, ponerlo al nivel de otros artistas de géneros románticos demostrando su versatilidad. Este disco tardaría un tiempo en salir al mercado, debido a la aceptación del cantante como artista del género ranchero.

En 1962 y 1963 graba dos de sus discos más célebres: “Fantasía Española” y “Trópico”, con canciones del compositor Agustín Lara, convirtiéndose así en uno de sus mejores intérpretes. Con las interpretaciones de Javier Solís inicia una nueva era para la música de mariachi dejando atrás los sones y la temática campirana para incorporar la lírica urbana y las adaptaciones de canciones latinoamericanas, logrando refrescar el género y el interés del público por la música ranchera.

Al iniciarse el año de 1966, Solís emprende un nuevo proyecto discográfico grabando algunas de las canciones más conocidas de los compositores puertorriqueños Rafael Hernández y Pedro Flores. Sin embargo, debido a sus padecimientos de salud, sólo alcanzó a poner la voz a ocho de las pistas preparadas del nuevo álbum, aunque llegó a terminar su otro álbum Javier Solís Con Orquesta. Por consejo médico, el 12 de abril de ese año, Solís fue hospitalizado en el hospital Santa Elena en la colonia Roma de la Ciudad de México para operarse de la vesícula biliar. De acuerdo a su acta de defunción falleció a las 5:45 a.m. del 19 de abril por fallo cardíaco a consecuencia de desquilibrio electrolítico producido por la colecistectomía. El 20 de abril, en medio de manifestaciones de dolor su cuerpo fue inhumado en el lote de actores del Panteón Jardín de la Ciudad de México, donde han permanecido sus restos desde entonces.

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Gabriel de un año con Valentín y Ángela

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Valentín, Ángela y su hermana con Gabriel

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Primera foto artística de Gabriel a los tres años