Reza un proverbio: “Morir sin perecer es presencia eterna”. Javier Solís, el hombre que nació para cantar sigue vivo aún, después de haber partido al más allá para seguir arrullando corazones enamorados…

 

Javier Solís

En la tierra azteca en el barrio de Tacubaya bajo un cielo claro celeste salpicado por algodonadas nubes que pareciesen bailotear alegres al ritmo de una vieja canción emitida de una rokola ubicada en el bar de la esquina cerca de la casa donde vivía un mozo con alma de cantor y el despabilado andar de un bohemio que por la noches, bajo el claro alumbrar de la luna y miles de estrellas acostumbraba a cantarle a la vida dejando exhalar notas melodiosas que brotaban de su garganta mientras el suave rumor de la brisa transportaba su cantar ardiente y lleno de pasión dentro de su intangible actitud bohemia que adormecía día a día aprisionada entre obligaciones y horarios en el acontecer de su juventud.

El tiempo trascurrió y el derrotero de su vida tomó otro rumbo persiguiendo una ilusión con su templado carácter y una actitud desafiante ante los embates de un mundo desconocido hasta entonces, buscando un nuevo amanecer posesionado de esa voz que cautivara a todo el que le escuchase, esa voz distinguida de lo común, de aquel joven llamado Gabriel Siria Levario despertó el artista, el genial cantor adoptando el nombre artístico de Javier Solís, con cuyo sobrenombre se dio a conocer a nivel mundial como el cantor de los cantores, el hombre de la perfecta media voz y una dicción impecable, quien pusiera en cada canción un sentimiento fuera de lo común, su cantar traspasó más allá del oído llegando hasta el espacio más recóndito del ser humano cualquier interpretación que emitiera de su garganta y al arrullo de esa acariciante y aterciopelado sonido que expelía de sus pulmones al salir de la laringe haciendo vibrar sus cuerdas vocales para interpretar bellas melodías inolvidables de las cuales surgieron como por encanto, muchos idilios que llegaron a concretarse en un romance eterno y desde aquel entonces hasta el día de hoy, esa voz melodiosa se escucha de generación en generación en cualquier rincón de habla hispana.

Desde luego, antes y después de Javier Solís han habido otros cantores que han hecho interpretaciones de calidad, sin mencionar nombres solo cabe decir que entre todos los cantantes de ayer y hoy, Javier Solís fue, a criterio de todo conocedor de voces impecables, el mejor.

Vaya este mensaje, por doquiera se encuentre este ruiseñor, allá en el espacio infinito, mi más ferviente admiración, voces como la de Javier Solís solo nacen una vez en cada mil años y para entonces, ya no estaremos presentes ninguno de nosotros y por ello mismo, debemos disfrutar del legado musical que nos dejó para orgullo de todo latino americano el más grande cantor echado de menos y extrañado por siempre.

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